La Asociación de Psiquiatría alertó de la carencia de medicamentos sobre salud mental en Colombia, con algunos de ellos no disponibles.
Una crisis silenciosa golpea a los pacientes de salud mental en el país. La escasez de medicamentos para el tratamiento de trastornos mentales en Colombia encendió las alarmas del gremio médico, especialmente por las dificultades que enfrentan niños y adultos con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) para acceder a sus tratamientos esenciales. La situación amenaza con profundizar las brechas en un sistema de salud ya de por sí tensionado.
El llamado de atención provino directamente de expertos en psiquiatría. Alexi Vallejo Silva, integrante del departamento de psiquiatría de la Universidad del Rosario y miembro de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, explicó que el desabastecimiento es sostenido. Según el especialista, el metilfenidato, uno de los fármacos más utilizados para el manejo del TDAH, es prácticamente imposible de conseguir en varias regiones del territorio nacional.
Las consecuencias de esta falta afectan de manera desproporcionada a la población pediátrica. El TDAH es una patología que suele diagnosticarse desde la infancia y sus tratamientos farmacológicos contribuyen significativamente a mejorar la calidad de vida de niños y adolescentes. Sin ellos, los pacientes experimentan un deterioro en su rendimiento académico, en sus relaciones sociales y en su estabilidad emocional, generando un efecto dominó difícil de contener.
Sin embargo, la problemática va mucho más allá del TDAH. También se han identificado barreras críticas en el acceso a otros medicamentos psiquiátricos esenciales. La lista es extensa: antidepresivos como la venlafaxina, fármacos para el trastorno obsesivo compulsivo como la clomipramina, y antipsicóticos como la paliperidona inyectable. Asimismo, se reportan inconvenientes con la quetiapina y el lorazepam, utilizados en casos de ansiedad, depresión, bipolaridad y esquizofrenia.
Según Vallejo Silva, las causas del desabastecimiento son múltiples y se entrelazan. Entre ellas se encuentran dificultades en la cadena de producción internacional, escasez de insumos para la fabricación, vencimiento de registros sanitarios ante el Invima y problemas en la distribución. A esto se suman fallas en la entrega de medicamentos por parte de algunas EPS, así como situaciones regionales críticas, como la registrada en Nariño, donde los servicios de salud también se han visto afectados por problemas financieros.
El especialista fue contundente sobre los riesgos de interrumpir estos tratamientos. Advirtió que los medicamentos hacen parte fundamental del abordaje terapéutico y su suspensión abrupta puede generar recaídas, agravamiento de los síntomas e incluso poner en riesgo la vida de los pacientes. En el caso de los antipsicóticos o los estabilizadores del ánimo, una interrupción súbita puede desencadenar crisis psicóticas o conductas suicidas, elevando la urgencia de una solución inmediata.
Por esta razón, el gremio médico elevó su voz para exigir acciones concretas. El llamado está dirigido a entidades como el Invima, el Ministerio de Salud y todos los actores del sistema de salud. Los especialistas insisten en la necesidad de coordinar acciones que permitan garantizar el suministro continuo de estos medicamentos y evitar que los pacientes queden desprotegidos en medio de la burocracia.
Finalmente, los psiquiatras también pidieron reactivar mesas de trabajo y fortalecer el monitoreo permanente de esta situación. La escasez de medicamentos psiquiátricos en Colombia no es un problema nuevo, pero su agravamiento en los últimos meses ha llevado la situación a un punto crítico. Proteger el derecho a la salud mental, insiste el gremio, debe ser una prioridad innegociable en la agenda nacional.






