La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas logró la entrega digna de dos víctimas del conflicto armado, cuyos restos fueron hallados lejos de donde sus familias les perdieron el rastro.
La Regional Sur de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) documenta casos en los que la desaparición ocurrió en un territorio, pero las respuestas aparecieron años después en otros departamentos. Así sucedió con Andrés* y Jaime*, quienes regresaron a sus hogares tras más de 28 y 16 años, respectivamente.
Yolima Isabel Jurado, coordinadora del equipo en Caquetá, explicó que ambos casos corresponden a personas que desaparecieron en hechos relacionados con el conflicto armado en zonas rurales de ese departamento. La articulación entre los equipos de Huila y Caquetá permitió avanzar en la investigación humanitaria, recuperar los cuerpos, lograr su identificación y entregarlos de forma digna a sus familias.
Jaime tenía 20 años cuando salió de su casa para trabajar en una finca en zona rural de San Vicente del Caguán. Buscaba ayudar a su familia tras la separación de sus padres y asumía el rol de hermano mayor de dos niñas pequeñas. Poco después de iniciar ese trabajo, desapareció mientras se dirigía al casco urbano del municipio para comprar alimentos.
Sus familiares conocieron que lo habían detenido y emprendieron una búsqueda que se extendió por años. Recorrieron instituciones, preguntaron sin descanso y nunca obtuvieron respuestas. Su madre murió sin conocer su paradero.
Angélica, su hermana menor, recuerda que la familia nunca dejó de esperarlo. “Ella murió con la esperanza de encontrarlo con vida”, relató.
En 2025, el equipo de la UBPD recuperó sus restos en el Cementerio Central de Neiva, durante una intervención realizada en el marco de medidas cautelares de la Jurisdicción Especial para la Paz. Aunque su madre no alcanzó a recibirlo, su padre, Angélica y otros familiares sí pudieron despedirlo.
La familia acompañó la entrega con flores blancas y una fotografía. Escucharon la explicación sobre lo ocurrido, resolvieron dudas que cargaron durante años y participaron en una ceremonia religiosa en San Vicente del Caguán.
“Para mí él era como mi superhéroe. Ahora siento tranquilidad, porque ya sabemos dónde está y podemos llevarle хотя sea una flor”, expresó Angélica.
Estos casos reflejan el impacto de la búsqueda humanitaria en las familias y la importancia de la articulación institucional para esclarecer lo ocurrido con las personas desaparecidas en el conflicto armado.






