Ha sido activada una nueva alerta climática, en este caso a nivel nacional y con miras a prevenir los efectos de El Niño.
Colombia activó una nueva alerta climática preventiva en todo el territorio nacional. La decisión responde a las proyecciones técnicas que indican la llegada de un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte a partir del próximo mes de junio, con impactos potencialmente más graves que los registrados durante el evento de 2023-2024.
La alerta climática se basa en tres fenómenos anómalos que ocurren simultáneamente. El país lleva varios meses con lluvias por debajo de lo normal, temperaturas históricas en regiones como el Caribe, y una probabilidad del 82 % de que El Niño se consolide desde junio. Esta triple condición agrava el riesgo de sequía extrema.
El escenario que viene sería más severo que el fenómeno anterior. Las autoridades científicas advierten que el estrés hídrico afectará con mayor intensidad a zonas que ya sufren escasez de agua, mientras que las temperaturas podrían romper récords en la costa Caribe y en los valles interandinos. La disminución de lluvias afectará directamente la agricultura y el abastecimiento de agua potable.
Regiones más expuestas
Las regiones más expuestas a esta alerta son la Guajira, Córdoba, Sucre, Bolívar, Magdalena, Cesar, y sectores de los valles del Cauca y Magdalena. Allí, las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes enfrentan el mayor riesgo ante la pérdida de cultivos, la muerte de animales y la restricción del acceso al agua para consumo humano.
El llamado a los municipios y gobernaciones es claro: deben actuar ya. No basta con el monitoreo permanente de las alertas del Ideam y la UNGRD; las autoridades locales tienen la obligación legal de destinar recursos técnicos y económicos para prevenir emergencias. La preparación anticipada, insisten los expertos, es la única herramienta para evitar tragedias mayores.
A trabajar desde ya
El tiempo juega en contra. Con la ventana de acción reduciéndose antes de junio, las comunidades ribereñas y los pequeños agricultores ya reportan pérdidas parciales de cosechas por el calor extremo.
Mientras el Gobierno coordina esfuerzos con corporaciones autónomas, la responsabilidad también recae en cada hogar. Las recomendaciones incluyen el uso eficiente del agua, la prevención de incendios forestales —que suelen dispararse durante El Niño— y la protección de los cultivos mediante sistemas de riego tecnificado. La cultura del riesgo, en este contexto, salva vidas.
Colombia enfrenta, entonces, un desafío climático de grandes dimensiones. La combinación de calor histórico, déficit de lluvias y un El Niño fuerte amenaza con profundizar la crisis hídrica en un país donde millones de personas ya viven en condiciones de vulnerabilidad. La pregunta no es si el fenómeno llegará, sino qué tan preparados estaremos cuando golpee con toda su fuerza.






