Se agrava el confinamiento por el conflicto armado

Persiste el confinamiento en Colombia, pero ya no por pandemias, sino por cuenta del conflicto armado: se informa de 40.000 personas bajo esta condición.

La Defensoría del Pueblo y ACNUR Colombia alertaron sobre el agravamiento del confinamiento en Colombia en el primer trimestre del año: Cerca de 40.000 personas se vieron obligadas a confinarse por cuenta del conflicto armado. Las cifras corresponden solo a los primeros tres meses del año. La situación es crítica y va en aumento.

Los departamentos más afectados son Cauca, Chocó, Caquetá, Antioquia, Bolívar y Norte de Santander. También figuran Putumayo, Magdalena, Meta y Guainía. En estas regiones, la problemática ha cobrado más fuerza. Pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes continúan siendo los más impactados por esta crisis humanitaria.

Hay un aumento progresivo de casos en comunidades étnicas. De los 26 eventos documentados en el primer trimestre de 2026, 17 afectaron a comunidades étnicas. Los 9 restantes impactaron a comunidades campesinas

¿En qué consiste este confinamiento?

La presencia de grupos armados ilegales genera restricciones severas a la movilidad. Estos grupos ejercen un control social y territorial absoluto. Las comunidades ven limitado su acceso a derechos básicos como salud, educación y alimentación. Las situaciones de confinamiento pueden prolongarse durante semanas o incluso meses sin solución a la vista.

El confinamiento afecta la relación de las comunidades con su territorio. También vulnera sus prácticas ancestrales y tradiciones culturales. Los derechos fundamentales se restringen de manera casi total. La Defensoría del Pueblo, a través de sus alertas tempranas, ha advertido repetidamente sobre esta problemática sin que se detenga su avance.

La población civil clama para ser incluida en el Registro Único de Víctimas. Este listado oficial permite acceder a rutas de atención y reparación. En Colombia, el confinamiento fue reconocido como hecho victimizante en 2016. Sin embargo, muchas comunidades siguen sin recibir la protección y asistencia que necesitan.

Algo poco visible

El confinamiento se basa en la intimidación y el miedo constante. A diferencia del desplazamiento, se vuelve poco visible porque la gente permanece en su territorio. No generan un movimiento masivo que llame la atención. Pero eso no lo hace menos grave: las personas viven en un aislamiento casi permanente, sin poder salir a trabajar, estudiar o comprar alimentos.

Las comunidades exigen acciones urgentes del Estado para romper el cerco impuesto por los armados. Mientras tanto, 40.000 personas esperan poder volver a vivir sin miedo. La Defensoría y ACNUR insisten en que se active la ruta de atención inmediata para evitar que esta crisis humanitaria siga creciendo en los próximos meses.

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