Crónica de un soldado que sobrevivió al combate y sigue sirviendo a Colombia.
La montaña parecía guardar silencio. Sin embargo, aquella noche del 10 de septiembre de 2019, Ocho heridas, una misión dejó de ser solo una historia para convertirse en el relato de un soldado que desafió la muerte y decidió seguir sirviendo al país. En la vereda Mesa Rica, del municipio de La Playa de Belén, Norte de Santander, el soldado profesional Alexis Ortegón Ramírez vivió una de las jornadas más difíciles de su carrera militar. Su experiencia, hoy recordada cuando el Ejército Nacional se acerca a sus 216 años de historia, refleja el verdadero significado del compañerismo, la fe y la vocación de servicio.
El frío dominaba la montaña. Los hombres del Batallón de Despliegue Rápido N.° 7, adscrito a la Fuerza de Despliegue Rápido N.° 3 (Fudra 3), completaban tres días de operaciones. Alexis avanzaba como puntero, el primero de la patrulla, encargado de abrir camino entre la espesa vegetación. Cada paso exigía concentración absoluta. De repente, el silencio se rompió con ráfagas de ametralladora y explosiones. Integrantes del Grupo Armado Organizado GAO 33, conocido como Los Pelusos, habían tendido una emboscada.

Durante varios minutos, el combate se libró a corta distancia. En medio del intercambio de disparos, Alexis siguió respondiendo junto a sus compañeros sin percatarse de que había sido alcanzado en repetidas ocasiones. Solo cuando el enfrentamiento disminuyó descubrió la magnitud de lo ocurrido: su uniforme registraba 16 impactos y ocho proyectiles habían atravesado su cuerpo. Ocho heridas, una misión comenzó a escribir una historia de resistencia en medio de la guerra.
Las lesiones comprometían especialmente su pierna izquierda y su mano derecha. A escasos metros permanecía un cabo gravemente herido. No era únicamente su comandante; también era un amigo. Alexis intentó acercarse para ayudarlo, pero las fuerzas ya no respondían. Aquella noche enfrentó una de las imágenes que jamás abandonaría su memoria: observar cómo su compañero perdía la vida sin poder evitarlo. La frase que tantas veces escuchó dentro del Ejército —“un compañero nunca se abandona en el campo de combate”— adquirió entonces un significado imposible de olvidar.
Cuando la situación parecía irreversible, apareció el soldado profesional Jaime Cortés Rojas. Sin medir el riesgo, levantó sobre sus hombros a Alexis y comenzó a descender por una montaña dominada por la oscuridad y bajo la amenaza permanente del enemigo. Más adelante, los soldados profesionales Yamid Narváez Sánchez y Monterrosa Mosquera se relevaron para continuar el rescate hasta llevarlo a un lugar seguro, donde finalmente pudo ser evacuado. Aquel esfuerzo colectivo salvó una vida y fortaleció un vínculo que solo conocen quienes han compartido el combate.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros de distancia, otra batalla se libraba en silencio. Esmeralda, esposa de Alexis, no tenía información sobre lo ocurrido, pero una inquietud constante la llevó a permanecer en oración durante toda la noche. Horas después recibió la noticia que tanto temía. Comenzó entonces una larga recuperación en la que la fe se convirtió en el principal refugio de la familia. Alexis asegura que aquellas oraciones le dieron la fuerza necesaria para enfrentar las cirugías, el dolor y el proceso de rehabilitación.

Los años pasaron y las cicatrices permanecen como testigos de aquella jornada. Sin embargo, el uniforme nunca dejó de representar su propósito. Actualmente, con 14 años de servicio, formación en reconocimiento de Fuerzas Especiales y Asalto Aéreo, el soldado profesional Alexis Ortegón Ramírez integra el Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate N.° 9 Cacica Gaitana de la Novena Brigada, en Neiva, Huila. Desde allí contribuye al proceso de historias laborales de los soldados, demostrando que servir a Colombia también significa continuar la misión lejos de la primera línea de combate.
Ocho heridas, una misión trasciende la historia de un enfrentamiento armado. Es la crónica de un hombre que sobrevivió gracias al valor de sus compañeros, al amor de su familia y a una fe que nunca perdió. También es el testimonio de quienes entienden que las batallas más difíciles no siempre terminan cuando cesan los disparos. Algunas continúan cada mañana, cuando la vida ofrece una nueva oportunidad para levantarse, agradecer y seguir sirviendo a Colombia.






